miércoles, 19 de agosto de 2009

Buscar fuera al culpable

Extraido del blog de Eduard Punset.

Me gustaría que mis lectores compartieran conmigo, como ha dicho un especialista en las técnicas de meditación, “un estado de atención pura que se da antes de pensar”.

¿Qué estoy constatando antes de pensar? Primero, que los europeos cometimos una equivocación increíble al considerar que la actual crisis o recesión mundial era algo esencialmente norteamericano, que iba a afectarnos a nosotros sólo en segundo término. Todos los datos aflorados ahora están sugiriendo que –en el mejor de los casos– la crisis es tan europea como americana y, muy probablemente, más europea que americana. Por eso, los expertos internacionales apuntan a una recuperación más rápida en EE.UU. que en Europa.

Una vez más, aquí cometimos el error de echar la culpa a los yanquis y sólo a ellos. Nadie analizó lo que habíamos hecho mal nosotros mismos. Actuamos de forma parecida a algunos gobernantes de países del Tercer Mundo que, lejos de imputar a sus prácticas corruptas y falta de transparencia los males que padecen sus gentes, se satisfacen con echar las culpas a las multinacionales, a los de fuera. «Los culpables están lejos y no tienen nada que ver conmigo», éste es el refrán que repiten.

La segunda cosa que estoy constatando antes de pensar es, justamente, que se está iniciando un cambio radical en este sentido. En determinadas partes del mundo, como Estados Unidos y América Latina, cuando surge un conflicto o estalla una crisis individual o colectiva se está empezando a dejar de buscar fuera al culpable. Lo primero que la gente más innovadora está haciendo es prescindir de los esquemas heredados que no han servido; ya no se busca a los culpables fuera de nuestro propio entorno. Igual ocurre con las decisiones ulteriores: se empieza por analizar la conducta o el pensamiento propios y se instrumenta una respuesta colectiva después.

La tercera cosa que estoy constatando antes de pensar es, justamente, que esa respuesta en Europa ha sido mucho más lenta que en el resto del mundo. Se empezó negando la existencia de la crisis, se dijo que era otra cosa luego y, finalmente, se recordó que la culpa era de la economía norteamericana y, muy particularmente, de su sistema financiero. A propósito de ese sistema financiero y del intento inicial de rescate del primer banco en crisis, Merrill Lynch&Co, en EE.UU. –al contrario de lo que ocurre en Europa–, se está incriminando ahora a aquellos rectores del sistema que impusieron a otros el silencio como respuesta para «no alienar el sentimiento popular y exacerbar así la crisis». Entretanto se perdió un tiempo precioso para evitar las primeras quiebras y diseñar la respuesta a la crisis.

Por último, en los sectores sociales más innovadores y rompedores con las prácticas pasadas se está huyendo de los viejos esquemas evolutivos que configuraban la conducta del futuro en términos de ‘combatir’ o ‘huir’. Parece que por fin, con un cierto efecto retardado, como ocurre siempre con los cambios del pensamiento, se asume que es posible no acatar lo que se nos impone sin necesidad de huir para protegerse. Ghandi mostró la manera de combatir la violencia mediante respuestas comunitarias no violentas. Pero respuestas, al fin y al cabo. Estamos asistiendo al comienzo del final del desapego popular por los temas comunitarios. Es la cuarta cosa que estoy constatando antes de pensar.

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